Envejecimiento empobrecedor – Apartado 3 – Capítulo IV – Crisis económicas y financieras. Causas profundas y soluciones

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Crisis económicas y financieras. Causas profundas y soluciones

Capítulo IV 

Apartado 3

Envejecimiento empobrecedor

          Más que la superpoblación, el problema demográfico grave se encuentra en la esclerosis de las sociedades debida al envejecimiento de la población por las drásticas reducciones de los índices de natalidad. En efecto, una de las características más acusadas de la demografía de los últimos años en los países “desarrollados” occidentales es el progresivo envejecimiento de su población. El crecimiento de la proporción de personas de 65 y más años dentro del total de los habitantes del país es cada vez mayor. Al ser un envejecimiento por la base la gravedad aumenta puesto que la proporción de ancianos crece porque disminuye el número de niños como consecuencia del creciente descenso de la natalidad. Las causas hay que situarlas en el terreno sociocultural: consumismo, permisivismo, secularización (especialmente femenina), crisis de la familia y el matrimonio, incremento de las uniones irregulares, temor obsesivo a la nueva vida, manipulación genética, egoísta miedo a un futuro que se presenta sin sentido,…etc.

          Veamos por ejemplo lo que ocurría en Alemania desde los años 70. En un país sin crecimiento y con demografía en caída libre la capacidad de exportación para dar salida a su creciente capacidad productiva se presentaba como una necesidad imperiosa. La productividad alemana unida al envejecimiento de la población dio lugar a una creciente saturación de la demanda por parte de una población saciada de bienes materiales y artilugios de todo tipo puesto que había consumido todo lo consumible en materia de automóviles, electrodomésticos, sibaritismos alimenticios, aparatos de música,… etc. Esa colectividad que iba envejeciendo paulatinamente acumulaba para sus años de vejez acrecentando el ahorro a expensas del consumo puesto que, con razón y con gran sentido común, no se fiaba de los sistemas de jubilación estatal por repartición. Una demografía en pleno retroceso vio cómo su mercado interior empezaba a flaquear alarmantemente. Con el desfase inherente a los ciclos demográficos, lentos pero inexorables, el declive hizo su aparición. Ya sabían los estudiosos hace años que la población de Alemania Federal disminuiría pero nadie se lo quería creer entonces. La realidad es que ese momento llegó implacable puesto que su fecundidad de 1,3  era la más baja de Europa entonces. (Conviene recordar que es preciso alcanzar la cifra crítica de 2,1 hijos por mujer para que la población no decrezca.)

          Alain Minc en La gran ilusión[1] explicaba esto mismo perfectamente: Si se mantienen las cosas tal como están ahora, es decir, si no se produce ninguna inmigración masiva o una súbita y no probable recuperación en cuanto a los nacimientos, la población descenderá a 38 millones de habitantes en el año 2030. Eso significa que Alemania habrá perdido en no nacimientos tantos habitantes como muertos tuvo a lo largo de toda la segunda guerra mundial. La onda de choque imparable de este fenómeno que convierte al país en un continuo encogimiento general mortecino, prevalece sobre los demás factores económicos, políticos, culturales, psicológicos y sociales, transformando y trastocando todas las previsiones y ecuaciones macroeconómicas.

          Para la República Federal, tan necesitada de revitalizar sus exportaciones para compensar su exigua demanda interior, la tabla de salvación vino de la mano de la caída del muro de Berlín. Con la Europa de los doce condenada voluntariamente al mismo declive demográfico puso en marcha una carrera acelerada en busca de los mercados del Este. Las importaciones por parte de esos países de Europa oriental sólo eran impedidas por su indigencia financiera, pero por eso se empeñaron en canalizar recursos de capital hacia la Europa Central y del Este aumentando su poder adquisitivo. La convertibilidad de 1 marco oriental por 1 marco occidental permitió que una moneda de muy bajo fuste tuviese el mismo poder adquisitivo que una de las monedas más solventes del mundo entonces.

           El peligro y la realidad de la inflación eran claros pero para eso estaba el poderosísimo sentido común y monetario del Bundesbank captando recursos del exterior y controlando el despegue de los precios. Junto a esto se facilitó poder de demanda al asumir financieramente a los jubilados del Este de Alemania; al facilitar préstamos a la RDA, Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Ucrania o la misma Rusia; al incrementar las ayudas a la exportación de las empresas que venden en esos países; al captar los bancos alemanes recursos financieros del Oeste de Europa para prestar a clientes solventes del Este a cambio de compras de productos alemanes… etc. Alemania tuvo por eso mano de obra barata y medianamente cualificada en los países de la Europa Oriental donde tiene una mayor proximidad cultural. No necesita acudir a las orillas del pacífico para hacer dumping social. Si Alemania y las economías del Oeste son imprescindibles a la Europa Oriental, el envejecimiento del Oeste hace ya imprescindible también el trabajo humano del Este.

          Conviene recordar en este punto final que la tasa de natalidad de España era de 1,3 hace ya unos años y que continúa bajando. Se hace perentorio exportar competitivamente e incrementar el sector activo de la población reconvirtiendo pasivos, aumentando las tasas de natalidad o acudiendo a la inmigración que se va haciendo imprescindible, también a pesar de la crisis. En muchos aspectos el contenido de los párrafos anteriores hubiese sido parecido si en vez de referirnos a la situación alemana de hace unos años nos hubiésemos referido a la española actual y desde los años 80.  En este sentido recuerdo que leí hace unos años en una agencia de prensa la siguiente anécdota:  un europeo ilustrado visitaba una aldea africana y explicaba a un lugareño keniata que la tasa de natalidad europea estaba por los suelos, y que la más baja era la española situada en concreto  en 1,2 hijos por mujer. El sorprendido y extrañado aldeano respondió con su lógica multisecular: “Pues esos países deben ser muy pobres.

          El blanco europeo era desde luego un ilustrado, porque efectivamente, según una publicación de Eurostat (la oficina estadística de la CE) la fecundidad estaba entonces ya en Europa por debajo del umbral de reemplazo generacional (2,1 hijos por mujer) desde 1975. En España se encontraba, ya en 1989, en los últimos lugares con 1,3 hijos por mujer. Tal índice continúa bajando y ostentamos ya el triste récord de ser el país con menor índice de natalidad del mundo. Los inmigrantes, insisto, seguirán siendo  imprescindibles si esto no cambia. Es significativo también a estos efectos el dato siguiente:  en el amanecer de este siglo XX que agoniza Europa representaba una cuarta parte de la población total del planeta. Hoy en día es el 6% y en el año 2025 rondará el 3%. En esa fecha se calcula que más de la mitad de la población vivirá en Asia.

           Si el europeo que visitaba Kenia era un ilustrado en cifras, la lógica económica multisecular del aldeano también era muy ilustrada porque coincide al cien por cien con la Teoría de la Población explicada Hayek en La fatal arrogancia.[2] En él daba un giro de 180 grados a la antigualla de la Teoría de la Población de Malthus a la que tantas veces se recurre en estas últimas décadas. Malthus tiene aportaciones muy interesantes pero ese matusalén de la teoría de la población según el cual los alimentos crecerían en progresión aritmética mientras que la población, en situación económica desahogada, lo haría en progresión geométrica, se ha revelado como una gran tontería pesimista. Hayek sin embargo observa que se han podido subvenir las necesidades de poblaciones cada vez más numerosas y observa que la Naturaleza es generosa si sabemos dominarla y trabajarla respetando sus reglas. Nuestras dificultades provienen de nuestra ignorancia y de fallos en la organización humana. Este economista contemporáneo -que ha sido uno de los pocos pioneros más relevantes en la predicción del empobrecimiento y fracaso de los sistemas económicos comunistas y socialistas- explica que el aumento demográfico favorece una más elaborada diferenciación y especialización dando lugar a una ulterior potenciación económica debido a la natural tendencia de las gentes a aprender y practicar esas nuevas habilidades. Esas sociedades pueden aprovechar recursos económicos humanos antes inexistentes y elevar así notablemente la productividad del sistema. La simple pacífica convivencia propicia por sí sola una mejor utilización de los recursos disponibles de una mayor y más dinámica población.

[1] Minc, Alain, La gran ilusión. La Europa comunitaria y la Europa continental (Barcelona: Planeta, 1990), pp. 37 a 42.

[2] Hayek, Friedrich A., La fatal arrogancia. Los errores del socialismo (Madrid: Unión Editorial, 2.ª ed. en Obras Completas de F.A Hayek, 1997), cap. VIII.

CRISIS ECONÓMICAS Y FINANCIERAS.  CAUSAS PROFUNDAS Y SOLUCIONES

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN 

Capítulo IV

SOBRE LA POBLACIÓN, LA ECOLOGÍA  Y LOS RECURSOS

4.1.- Población y ecología humana

4.2.-  El mito de la superpoblación         

4.3.- Envejecimiento empobrecedor

4.4.-  Población y economía crecientes

4.5.-  Población, economía, aborto y anticonceptivos

4.6.- Economía y ecología humana

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