01/05/2020 – Viernes de la 3ª semana de Pascua. Lecturas del día – Readings of the day

ST JOSEPH THE WORKER, SPOUSE OF THE BLESSED VIRGIN MARY, PATRON OF WORKERS

VATICAN NEWS – HOLY MASS POPE FRANCISCUS

LIVE FÁTIMA

– LIVE LOURDES

[:es]

01/05/2020 – Viernes de la 3ª semana de Pascua.

San José el trabajador, esposo de la Virgen María , patrón de los trabajadores 

Fiesta del trabajo.

En vivo todo el día – Parroquia de Nuestra Señora de la Visitación en Las Rozas de Madrid

PRIMERA LECTURA
Ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a los pueblos
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 1-20 – Hch 9, 1-20

En aquellos días, Saulo, amenazando todavía de muerte a los discípulos del Señor, fue a ver al sumo sacerdote y le pidió, para las sinagogas de Damasco, cartas que lo autorizaran para traer presos a Jerusalén a todos aquellos hombres y mujeres seguidores del Camino.

Pero sucedió que, cuando se aproximaba a Damasco, una luz del cielo lo envolvió de repente con su resplandor. Cayó por tierra y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Preguntó él: “¿Quién eres, Señor?” La respuesta fue: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate. Entra en la ciudad y allí se te dirá lo que tienes que hacer”.

Los hombres que lo acompañaban en el viaje se habían detenido, mudos de asombro, pues oyeron la voz, pero no vieron a nadie. Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía abiertos los ojos, no podía ver. Lo llevaron de la mano hasta Damasco y allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.

Había en Damasco un discípulo que se llamaba Ananías, a quien se le apareció el Señor y le dijo: “Ananías”. Él respondió: “Aquí estoy, Señor”. El Señor le dijo: “Ve a la calle principal y busca en casa de Judas a un hombre de Tarso, llamado Saulo, que está orando”. Saulo tuvo también la visión de un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para que recobrara la vista.

Ananías contestó: “Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus fieles en Jerusalén. Además, trae autorización de los sumos sacerdotes para poner presos a todos los que invocan tu nombre”. Pero el Señor le dijo: “No importa. Tú ve allá, porque yo lo he escogido como instrumento, para que me dé a conocer a las naciones, a los reyes y a los hijos de Israel. Yo le mostraré cuánto tendrá que padecer por mi causa”.

Ananías fue allá, entró en la casa, le impuso las manos a Saulo y le dijo: “Saulo, hermano, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino, me envía para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo”. Al instante, algo como escamas se le desprendió de los ojos y recobró la vista. Se levantó y lo bautizaron. Luego comió y recuperó las fuerzas. Se quedó unos días con los discípulos en Damasco y se puso a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús era el Hijo de Dios.

Palabra de Dios.

Sal 116, 1. 2
R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R.

Aleluya Jn 6, 56
Aleluya, aleluya, aleluya.

El que come mi carne
y bebe mis sangre – dice el Señor –
habita en mí y yo en él. R.

EVANGELIO
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida
Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 52-59

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:

«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?».

Entonces Jesús les dijo:

«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Palabra del Señor.

   

Santuario de Torreciudad – Huesca – España

 

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Catholic Diocese of Christchurch

CATHEDRAL OF OUR LADY ANGELS 

01/05/2020

READING OF THE DAY

A reading from the Book of the Acts of the Apostles
ACTS 9:1-20

Saul, still breathing murderous threats against the disciples of the Lord,
went to the high priest and asked him
for letters to the synagogues in Damascus, that,
if he should find any men or women who belonged to the Way,
he might bring them back to Jerusalem in chains.
On his journey, as he was nearing Damascus,
a light from the sky suddenly flashed around him.
He fell to the ground and heard a voice saying to him,
“Saul, Saul, why are you persecuting me?”
He said, “Who are you, sir?”
The reply came, “I am Jesus, whom you are persecuting.
Now get up and go into the city and you will be told what you must do.”
The men who were traveling with him stood speechless,
for they heard the voice but could see no one.
Saul got up from the ground,
but when he opened his eyes he could see nothing;
so they led him by the hand and brought him to Damascus.
For three days he was unable to see, and he neither ate nor drank.

There was a disciple in Damascus named Ananias,
and the Lord said to him in a vision, “Ananias.”
He answered, “Here I am, Lord.”
The Lord said to him, “Get up and go to the street called Straight
and ask at the house of Judas for a man from Tarsus named Saul.
He is there praying,
and in a vision he has seen a man named Ananias
come in and lay his hands on him,
that he may regain his sight.”
But Ananias replied,
“Lord, I have heard from many sources about this man,
what evil things he has done to your holy ones in Jerusalem.
And here he has authority from the chief priests
to imprison all who call upon your name.”
But the Lord said to him,
“Go, for this man is a chosen instrument of mine
to carry my name before Gentiles, kings, and children of Israel,
and I will show him what he will have to suffer for my name.”
So Ananias went and entered the house;
laying his hands on him, he said,
“Saul, my brother, the Lord has sent me,
Jesus who appeared to you on the way by which you came,
that you may regain your sight and be filled with the Holy Spirit.”
Immediately things like scales fell from his eyes
and he regained his sight.
He got up and was baptized,
and when he had eaten, he recovered his strength.

He stayed some days with the disciples in Damascus,
and he began at once to proclaim Jesus in the synagogues,
that he is the Son of God.

GOSPEL OF THE DAY

From the Gospel according to John
JN 6:52-59

The Jews quarreled among themselves, saying,
“How can this man give us his Flesh to eat?”
Jesus said to them,
“Amen, amen, I say to you,
unless you eat the Flesh of the Son of Man and drink his Blood,
you do not have life within you.
Whoever eats my Flesh and drinks my Blood
has eternal life,
and I will raise him on the last day.
For my Flesh is true food,
and my Blood is true drink.
Whoever eats my Flesh and drinks my Blood
remains in me and I in him.
Just as the living Father sent me
and I have life because of the Father,
so also the one who feeds on me will have life because of me.
This is the bread that came down from heaven.
Unlike your ancestors who ate and still died,
whoever eats this bread will live forever.”
These things he said while teaching in the synagogue in Capernaum.

WORDS OF THE HOLY FATHER

It is the Eucharist, which Jesus leaves us with a specific purpose: that we may become one with Him. Indeed he says: “He who eats my flesh and drinks my blood abides in me, and I in him” (v. 56). That “abiding”: Jesus in us and we in Jesus. Communion is assimilation: partaking of Him, we become as He is. This requires our “yes”, our adherence of faith. The bread really is his Body given up for us, the wine really is his Blood poured out for us. (Angelus, 16 August 2015)